Una tarde en la playa de Poo | Redescubriendo Asturias

¿Estás pensando en visitar Llanes en Asturias y quieres conocer la playa de Poo? Si estás pensando en visitar este pequeño pueblito llanisco en los días de verano no te pierdas las mejores playas de Llanes y alrededores, un artículo en donde encontrarás toda la info sobre la playa de Poo y otras bonitas playas del concejo.

Yo de mientras te dejo con este pequeño texto sobre la playa de Poo, en Llanes. Como siempre tienes toda la info útil al final del artículo. Cómo llegar a la playa de Poo, mis mejores consejos y mucho más.

Cómo llegar a la playa de Poo:


La playa de Poo está en el concejo de Llanes. Para llegar toma la carretera AS-263 y toma el desvío en la N-634. Desde Poo hay que continuar en coche algo menos de un kilómetro. En la playa hay aparcamiento, pero te recomiendo llegar andando. La playa se llena bastante y en verano cobran el parking. Es un corto y lindo paseo con la playa esperándote.

También puedes llegar en tren, ya que Poo cuenta con estación de Feve y en autobús, aunque no pasa con demasiada frecuencia.

La mejor playa de Llanes para ir con niños:


Es una de las mejores playas de la zona de Llanes para ir con niños, debido a su forma de embudo. Con marea alta, el agua entra entre el canal de rocas a lo largo de los 150 m2 de arena formando una tranquila y segura piscina de poca profundidad.

Además, en la playa desemboca el pequeño riachuelo Río Vallina, haciendo que haya mucho con lo que jugar, además de un montón de peces, cangrejos, quisquillas y carramarros en los pequeños pozos que quedan cuando baja el agua, perfecto para los niños más aventureros y padres que quieran disfrutar en tranquilidad.

Si necesitas más información puedes acudir a la página de Turismo de Asturias o a la de Llanes.

La playa de Poo en Llanes


Es una playa. La playa de Poo. Una playa que más bien parece balsa ahora que reina la marea alta. El sol languidece en la orilla, donde algunas familias aprovechan las últimas horas de luz de este segundo domingo de noviembre. Los niños juegan en la orilla con su desnudez improvisada, sus padres remangan los pantalones para tratar de atender con la máxima jovialidad  la interminable energía de sus hijos, que no entienden ni de meses ni de frío.

Algún intrépido hasta se baña, sin importar la edad y medio temblando, sonríe para la foto que no es foto sino video. Un perro se lo piensa en la orilla, viene y va, avanza y retrocede, remoja las pezuñas en el agua y mueve alegremente su cola plumero para decidir, a diferencia de los niños, que el mar está en este mes tardío, demasiado frío.

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La única pared de arena caliza a la vista reluce a lo lejos con el último sol. Los tonos van de naranja intenso hasta blanco, pasando por una amplia gama de ocres, amarillos y marrones. Los dos bares que coronan la playa están cerrados, pues hace ya más de tres meses que terminó la temporada alta y supongo que hoy, sus dueños, como hacemos todos los demás, prefieren disfrutar de este magnífico tiempo inesperado en alguna otra playa o en lo alto de alguna montaña en la que aún pegue el sol.

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Una pareja de señores desciende las escaleras a nuestra derecha. Llegan apurando los últimos rayos y la señora no quiere perder tiempo. Se pone el bañador azul de una pieza en cuestión de un par de minutos y va ágil y rápida caminando por la orilla en busca del sol que aún baña el agua allá, hacia el otro lado, donde el reflejo se vuelve naranja con este sol pálido.

Cae la sombra sobre mí y se siente frío. Frío en los pies mojados, que amenazan con quedarse duros y helados, en lo alto de la espalda y hasta en los antebrazos. Dan ganas de cambiarse de lugar, pero se desde ya que es mejor ponerse la camisa y dar por perdida la batalla. Es noviembre y aunque este día no lo demuestre, el horario hace días que cambió de hora y el atardecer, para los que hemos amanecido tarde, llega con demasiada prisa.

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Decidimos movernos de lugar en busca de los últimos veinte minutos de sol. Elegimos uno cerca de la hierba, de arena blanca y seca. A la derecha uno de los grupos habla de que llamarle inglés a un escocés es como decirle andaluz a un catalán y aunque entiendo la comparación, no se si termino de estar de acuerdo. M. apunta que la señora le recuerda a alguien más y yo busco en la cabeza para tratar de encontrar el parecido sin demasiado éxito mientras fijo la vista en las flores que tiene tatuadas en la pierna, una mancha con movimiento negro y gris.

A nuestra izquierda, los gritos de aita y ama de esos niños de gorra ocre dejan bien clara su procedencia. Vascos que vienen a Asturias a pasar el fin de semana aprovechando el pronóstico de buen tiempo. Atrás, una familia más merienda. Los niños comen plátano y en su mano se puede ver la pajita naranja del zumo que no alcanzo a ver. Ardilla es el apelativo por el que el padre llama a uno de los dos niños, niños de esos que van equipados con visera, pala y cubo, preparados para hacer cualquier tipo de castillo.

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En el agua una niña con bikini rosa y faldita incluida, trata de ponerse de pie en su corcho, ayudada por la mano de su padre, pero resbala  inevitablemente una y otra vez. Algunos perros, de esos a los que no puedo evitar llamar perros patada, juegan con la espuma que se forma en la orilla y la cual, si te fijas, va rompiendo de derecha a izquierda, como si fueran fuegos artificiales provocando una reacción en cadena, un efecto dominó. Un pequeño efecto que comienza y se va desplazando a lo largo de la orilla y con el que los perros juegan, brincando y ladrando a esa espuma que juega aquí y allá.

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El sol se va finalmente, escondiéndose en la montaña de enfrente. La gente comienza a recoger y desaparecer. Toallas que se sacuden, calcetines que limpian la arena de los pies, pies que se calzan en los zapatos. Nosotros recogemos las cosas, aunque aún dejamos descalzos los pies. Es la hora límite, llegó finalmente el atardecer y la humedad, que había permanecido a raya hasta hace unos segundos gracias al sol, reaparece ahora con fuerza.

Poo con marea baja


Me fijo de pronto en lo rápido que ha bajado la marea mientras todo el mundo recoge y empieza a abandonar la arena. El agua ha bajado más de tres metros empequeñeciendo rápidamente el espacio que hasta entonces estaba inundado.  M. y yo agarramos nuestras cosas y caminamos por la orilla que va redibujándose. El río o más bien riachuelo que hasta entonces estaba camuflado por el alto nivel de agua salada se dibuja ahora perfecto en la arena, construyendo escalones que son veredas a sus costados y con los que M. se empeña en jugar, derrumbándolos a cada paso.

Cada vez que fijo la vista el nivel de la orilla desciende más y más y los colores en el horizonte empiezan a virar  hacia tonos más anaranjados. Caminamos por el río y por los pequeños pozos que han quedado. Nos adentramos un poco más, dejando la playa a nuestra espalda.

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Un grupo de jóvenes que parecen o quieren ser adinerados sacan fotos calzados. M. tira una piedra y el perro que llevan va tras ella, metiéndose al agua. Ellos comienzan a llamarlo, pero es inútil, Newton quiere jugar y ya ha encontrado la excusa para empezar, piedra que empieza avalanchas.

Caminamos más. A la vuelta la playa parece ser otra distinta a la que vimos al llegar. Dos pajaritos van jugando sobre el agua del río que baja bailando a desembocar en el mar. Los pajaritos vuelan ascendiendo y pasando luego a ras del agua, persiguiéndose en una carrera o un simple festejar. Sobre lo que antes era balsa y ahora solo empieza a ser basta superficie de arena mojada las gaviotas sobrevuelan, llegadas de ninguna parte, dando círculos sobre lo que antes era la gran piscina de agua salada.

El mar ha bajado rápido en cuestión de unos cuarenta minutos y la playa está ahora irreconocible. Las piedras se alzan imponentes y dejan ver escalas cromáticas de grises, marrones y verdes en las algas y musgos que las pueblan. Ya no queda casi nadie en la arena y los cuatro que aún se ven recogen presto las últimas cosas antes de partir.

Un jinete en un negro pura sangre desciende a la playa aprovechando el último rato de luz y la soledad recobrada de la playa. El caballo trota por el agua que aún queda dibujando reflejos en el agua estanca, asombrando a los que han sabido permanecer un poco más. El caballo trota por la playa, coge velocidad, sus patas empujan el suelo, alzándose imponentes, dejando ver los fuertes músculos equinos en movimiento, reluciendo negro, reluciendo vapor de esa piel brillante que parece hipnotizar a todos los que lo miramos ir y venir a lo largo de la arena, aumentando y disminuyendo de velocidad, alcanzando el galope cuando cruza rápido la playa de lado a lado, con esa elegancia, esa fuerza en movimiento que solo se ve estropeada por el blanco pañuelo de pirata que lleva a la cabeza su jinete.

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El caballo se acerca a la orilla, el jinete saluda a alguien que parece conocer por encima de nuestras cabezas.  Ese otro baja, lleva una niña de vestido blanco y azul y lazo en la cabeza entre los brazos. La relación de este segundo hombre con el jinete me causa curiosidad. Hablan, no escucho bien lo que dicen, tampoco le pongo demasiado interés.

Mi vista descansa sobre las nubes de vapor que desprende la piel del caballo, que trata de permanecer inmóvil mientras su jinete prosigue la conversación. Éste invita a subir a la niña, pero a ésta no le convence la idea y rápidamente voltea la cabeza con gesto de terror mientras de sus labiecitos sale repetidamente un no. Terminada la conversación, el cabello emprende el trote y tras unas últimas dos vueltas a la playa, desaparece al galope perdiéndose allí donde se pierde de la vista el río.

Es hora de volver a casa.

*Todas las imágenes de este post son de M.A.S. Mi cámara de fotos ha decido declararse en huelga total desde que volví a España.

INFO ÚTIL PARA VISITAR LA PLAYA DE POO:


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📌  Puedes echarle un ojo si necesitas más info a la página de turismo de Llanes.

🚙  Para moverte puedes usar los autobuses de Alsa o los trenes de Renfe, aunque no hay demasiados horarios. Lo mejor es alquilar un coche.

📌  En Llanes llueve mucho. Durante el par de meses de verano trata de dar descanso pero no siempre está asegurado. Un chubasquero y unas botas nunca están de más.

¿Conoces la playa de Poo? ¿Conoces Llanes? Cuéntamelo en los comentarios, ya sabes que me encanta leerte y los respondo todos con mucho amor!! <3

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¡HOLA! SOY ANDREA BERGARECHE

Desde hace más de 5 años vivo viajando y ayudando a mujeres como tú y como yo a ser más libres, fuertes e independientes.

2 comentarios en «Una tarde en la playa de Poo | Redescubriendo Asturias»

  1. ¡Hola Andrea!
    Me ha encantado tu escrito :-) El lugar es precioso, por algo pertenece al paraíso natural, jejeje. Y el tiempo es verdad que acompaña a pesar de ser noviembre. Me sorprende lo tranquila que estaba la mar en Poo. El día anterior estuve en la playa de Les Antilles y había oleaje fuerte, de ese que hipnotiza…¡Gracias por compartir! Abrazo!!

    Responder
    • Begoña! La verdad es que está haciendo un buen tiempo de no creer, este sol con el que se levanta uno cada mañana, por más que ya atardezca pronto, es maravilloso. Y bueno, como ya sabrás, la mar en Poo es siempre una piscina! Por eso esta playa es ideal para ir con niños, no importa el oleaje que pegue en otras que en Poo en marea alta todo está tranquilísimo. Gracias por el feedback Begoña, un abrazo!!

      Responder

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