II parte | El Machu Picchu en fotos

Es difícil, sino imposible, tratar de explicar la sensación que se siente ahí, en medio de la nada y a la vez en medio todo. Entre esas piedras gigantescas que descansan impasibles desde hace tantos y tantos años. Esas piedras que aún no entendemos del todo; qué hacen ahí, que fueron, por qué las construyeron o cuál fue su función. Solo hay un puñado de teorías y la maravillosa contemplación de esa hermosa ciudad perdida que algún día existió llena, pululando de vida.

El camino hasta Machu Picchu es toda una preparación física y mental, también emocional. Sobre todo emocional. El camino te va preparando, es un dejar lastres atrás. La mochila se reduce antes de salir de Cusco, pasando a llevar solo la pequeña mochila a la espalda con lo indispensable para un par de noches. Las piernas se despiden también del sedentarismo. La cabeza deja atrás pensamientos inútiles para concentrarse en el paisaje y en seguir caminando, un pie atrás del otro siguiendo la infinita y serpenteante vía que se pierde para reaparecer después ante los ojos. Los pulmones expulsan los restos de humo y de dióxido para ir llenándose de limpio oxígeno poco a poco.

Aguas Calientes llega en la noche con sus luces titileantes. El hostal es realmente modesto y no hay nada mejor, es también parte de la preparación. Comida artesanal y sueño reparador antes de emprender el camino hacia las escaleras. Esas escaleras irregulares dibujadas en piedra que serpentean toda la ladera, como quien dibuja una serpiente en la tierra. Una serpiente que te va dejando a cada tramo la lengua afuera y que no sabes bien cuándo va a acabar, pues las montañas de alrededor se ven aún muy por encima de tu cabeza, de tu aliento que resopla.

Paso por paso, miras arriba, te agarras los muslos y ejerces presión para dar mayor apoyo a tu peso. Te concentras exclusivamente en cada paso que dan tus pies, en buscar dónde la distancia es menos entre escalón y escalón y así, poco a poco, ir avanzando entre pequeñas paradas para recuperar el aire y calmar la respiración. Miras el reloj, calculas los tiempos, cada 10 minutos parecen una eternidad, una victoria que no logra llegar a la meta final. Y esperas que a cada esquina sea ya la última vuelta. Alguien baja y te dice que ya estás cerca, pero cuatro curvas más adelante lo empiezas a dudar.

Sigues avanzando y entonces llegas: la cola de los baños, la gente en la entrada y algunas pequeñas pero carísimas tiendas. Sacas la entrada y escondes en el tobillo tus almendras, convencida de que no te dejarán pasar nada. Pero pasas y nadie dice nada. Entras sin observar, siguiendo únicamente las flechas que te llevan a Huayna Picchu, porque estás convencida de que vas justa de tiempo. Llegas a la puerta y te dicen que aún tienes que esperar. Entonces te sientas y por primera vez prestas atención a tu alrededor y empiezas a encontrar las primeras formas a ese verde y piedra que era hasta entonces todo para ti. Empiezas a sentir la magia del lugar y de tu posición.

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Cola de llama

Hace calor y tú has dejado la crema de sol en el hostal, así que te quitas el resto de capas y pides un poco. Finalmente dan las 10am y la cola se forma. Esperas tranquila, cuando todos pasan empieza la ascensión. Bienvenida a más escaleras de nuevo, aún más irregulares que las anteriores. ¿Por qué nadie me explicó que subir al Huayna Picchu significaba subir así, sin mantequilla ni nada, un pico bastante escarpado de nada menos que 3000 metros?

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Pero ya estoy ahí, así que después de una hora de escaleras y 15 minutos de descanso, estiro un poco las piernas y trato de acompasar mi respiración para seguir el paso. A ratos me agarro a la barandilla que aparece y desaparece. Las piedras son realmente grandes para mi no llego al metro sesenta. A ratos adelanto y a ratos me adelantan. Se ve gente sin aliento pero todos vamos subiendo. La recompensa empieza a llegar a las primeras ruinas, donde algunos aprovechamos y hacemos descanso.

Cerca de ahí me saltó una discreta cuerda y encuentro unas inmejorables vistas a las que nadie más llega a cruzar. Las disfruto por un rato en solitario mientras recupero fuerzas y se me hincha el corazón de alegría como un globo que explota de deseos de llegar a la cima.

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La ciudad perdida vista desde el Huayna Picchu
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Y llegamos a la cima, y las vistas a ambos lados son impresionantes. Los labios y el corazón sonríen. Eres consciente después de tantas escaleras y tanto resoplar de dónde estás. De qué es realmente Machu Picchu, de la energía que reside aquí, que se siente alrededor, que se siente donde estás sentada y en las cimas que se ven a la altura de tu mirada. Del río, como un pequeño camino, una s dibujada al fondo, muchos metros debajo de tus pies. Y el cielo por encima, un poquito más cerca. Y la ciudad perdida, esculpida en la vista como una pequeña maqueta.

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Un pequeño tentempie, un disfrute total de las vistas. Ahora toca bajar las mismas escaleras y forzar rodillas, ahora sí adelantando a todos como una pequeña cabrilla del monte que salta contenta de arista a arista.
Ya estoy en Machu Picchu, ahora sí estoy en la ciudad perdida, soy por fin consciente del todo de la suerte que tengo de poder estar en este momento aquí. Antes de inicar la exploración, me siento por un rato a descansar y escribir. Me relajo, disfruto, escribo. Tengo la mala suerte de haber llegado a una de las zonas donde una llama pasta tranquila. No tarda en aparecer el grupo de jovenes gringos en busca de su «llamaselfie» y ahí van unos detrás de otro, la persiguen, sacan sus celulares y van con el teléfono arriba detrás de la pobre llama que los esquiva.

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Se va ese grupo, ya con sus llamaselfie de recuerdo, pero no tardan en aparecer otros. Finalmente me decido y sigo camino, decidida a recorrer la ciudad. Al principio no se bien qué es lo que veo, ni para donde voy, así que pregunto a un guía que me da una rapidísima explicación de algunos de los puntos y edificaciones más importantes de la ciudad con sus principales funciones.

Empiezo por los espejos agua, en los que se reflejaba el dios Sol. Si miras en ellos desde el punto exacto, puedes ver el reflejo del sol y hasta el dibujo de las nubes en el reflejo que forma el agua.

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Estos son los espejos de agua, donde se refleja el sol.

De ahí camino hasta el Templo del Sol. Después de observar la impresionante construcción me pego a un guía en castellano para tratar de oír su explicación, pues la verdad es que la construcción está envuelta en todo un enigma, desde la gigantesca piedra (creo que es la roca más grande que he visto en mi vida), hasta las formas en las que está tallado lo que parece que era un altar adentro. Además, este pequeño templo con su gigantesca piedra, tiene una pequeña forma de espiral si se observa desde arriba. Sencillamente encantador.

A su lado, el templo de las tres ventanas y su fuente, tallada en piedra. Las vistas son impresionantes.

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Subo hasta lo que llaman el reloj del Sol, aunque más bien es una forma de medir las estaciones, pues son estas las que se pueden leer en la sombra proyectada. La hora solo se puede saber con exactitud al mediodía, cuando la sombra se esconde totalmente en el corazón de la piedra que la construye.

Si te acercas un poco a alguno de los guías, se escuchan entonces las historias lamentables. La leyenda de que si tocas esa piedra, esta te traspasa la energía, por lo que muchos turístas tocaban siempre la piedra, la cual está ahora acordonada. Si sigues escuchando te enteras también que en la piedra se hacía antes un comercial de cerveza y que, en una de las grabaciones, golpearon la piedra dejándola rota, como se puede observar. También tiene un enorme tajo de cuando la universidad de Yalle se la intentó llevar, abandonando en sus intenciones al comprobar que la pieza está tallada en la misma roca madre de la montaña.

Visito algunos otros espacios especiales, observando asombrara el tamaño de las piedras y la calidad de sus limados.

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Continuo mi visita por el resto de las edificaciones pegando de cuando en cuando el oído a las explicaciones de los guías, que cambian el carácter de la historia según su propia interpretación. Explicaciones en inglés, en castellano y hasta en portugués, lo importante es hacerse una breve idea que te permita disfrutar imaginando por un rato todas las escenas que pudieron vivirse un día en estos mismos lugares, bajo condiciones distintas.

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En Machu Picchu hay una gran variedad de orquídeas.

Vuelvo a pararme por un lapso a disfrutar escondida entre las piedras de la cantera, a la vista de nadie y con la vista de todo. Alrededor de mí, piedras gigantescas que algún día estaban a la espera de ser parte de esta ciudad, en forma de muros o talladas para cumplir su propia función específica.

Continuo subiendo y llego a las mejores vistas hasta ahora del conjunto. El Huayna al fondo, (y sí, hace un rato yo estaba ahí arriba). Las construcciones, todo bajo los pies, delante de mí.

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Camino todo el puente del Inka y me pregunto en su final como pudieron hace tantos caminos, trazar estos fuertes y robustos caminos de piedra, aquí en medio del acantilado, desafiando la lógica común y la gravedad. La noche empieza a intuirse y subo de nuevo para ver las luces palidecer entre las mágicas paredes. Me siento por un rato a imaginar: las terrazas abarrotadas de vegetales, los niños jugando en la plaza, las princesas collas peinando sus largos y negros cabellos en la Residencia Real. Los trabajadores moldeando la piedra, sudando, con sus ropas manchadas de tierra y de barro. Un sabio oteando el cielo, mirando en su propio reflejo las estrellas, cada punto de la constelación perdida en la que un día se convirtieron.

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ℹ︎DATOS:

-Puedes comprar tus entradas online desde la página oficial del Machu Picchu. No se venden entradas en el propio Machu Picchu, el último lugar para obtenerlas es Aguas Calientes.

-Se puede meter agua y comida. También puedes contratar un guía.

-Para acceder al Huayna Picchu, has de comprar tus entradas al menos con un mes de antelación.

* Si quieres sabes cómo llegar al Machu Picchu desde Cusco, desde las opciones más caras hasta las más económicas, precios de comida y alojamiento en Aguas Calientes y otros datos básicos, no te pierdas la primera parte de esta serie: Camino a Machu Picchu: I parte.

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¡HOLA! SOY ANDREA BERGARECHE

Desde hace más de 5 años vivo viajando y ayudando a mujeres como tú y como yo a ser más libres, fuertes e independientes.

5 comentarios en «II parte | El Machu Picchu en fotos»

  1. Hola:
    Muy interesante y muy bien descrito articulo, yo pertenezco a Cusco donde se encuentra Machu Picchu y muchos monumentos arqueológicos de gran valor Sudamericano, les dejo enlaces para que puedan cotizar en algunas empresas que conozco que dan buen servicio y a un precio muy cómodo:
    https://www.terandes.com/
    http://www.andeancultures.com/
    http://illapatransportes.com/
    Un fuerte abrazo y felicitaciones por el blog, Excelente trabajo!!!

    Responder
  2. Hola Andrea leí tu incursión a l Cusco y al machu picchu y déjame decir me encantó tu forma como lo vas describiendo.
    Lo haces de una forma que el lector se queda pegado y disfrutando cada anécdota tuyo
    Saludos desde Perú y espero q vuelvas a visitarnos y conocer el Perú profundo y lindo que tenemos.

    Responder
    • Hola Carlos. Me hace mucha ilusión saber que mi forma de escribir, tratando de describir al máximo mi experiencia para compartirla a los demás, te gusta. Eso quiere decir que sí consigo trasmitir esa sensación y haceos viajar conmigo ;)
      Muchas gracias por trasmitírmelo!
      Ojalá pueda volver pronto a Perú, la verdad hay aún muchos lugares que me quedaron sin conocer.
      Saludos Carlos!

      Responder
  3. Es la primera vez que te leo, escribes hermoso.
    Uno de mis sueños es el Machu Picchu :).
    Y tu lo acabas de confirmar no hay nada mas hermoso que disfrutar de la naturaleza.

    Responder
    • Monica! Gracias!! La verdad es que el Machu Picchu es hermosísimo! Totalmente recomendable! También hay un montón de ruinas en todo el Valle Sagrado que merecen la pena. Yo no pude ir, pero si tienes la oportunidad, acércate también a esas!! Saludos!

      Responder

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