Ya estamos en DF (otra vez) pero solo de paso

Y aquí estoy, de vuelta en DF, en esta enorme ciudad que amo y odio al mismo tiempo. Amanezco aquí en mi segundo día, ayer caí a la cama agotada, es lo que tiene esta ciudad, te agota, no te deja parar. Te lleva consigo en este ritmo loco, sobre todo si, como ayer, te vas al puro centro a hacer recados. El centro es la locura, la masa de gente en movimiento.


El  jueves me despedí de Cancún. Fue un día complicado, despedirse siempre es complicado. Me despedí de la ciudad y de la casa que me acogió durante los últimos dos meses. La ciudad en la que he vivido en pantalón corto mientras en España, se morían de frío y lluvia. El sol siempre arriba, las palmeras, el tlacoache que venía a visitar nuestro jardín algunas noches. Y, sobre todo, la persona con la que he vivido este último tiempo. Despedirse nunca es fácil, a pesar de saber que antes o después debes seguir para adelante, hacer tu propio camino, dar el siguiente paso. Y soy muy mala para las despedidas, siempre me salen esas lagrimitas que no me dejan ya ni hablar, que hacen que me tiemble la voz y hasta las manos. Pero las lagrimitas pasan, pasan en cuanto te subes al avión que te lleva al aeropuerto y que te obliga a mirar ya hacia adelante, hacia lo que está por llegar y no hacia lo que acabas de dejar. Despedirse es duro, pero me gusta pensar que habrá nuevas bienvenidas.

Y volamos… #Cancun #DF #Viajeenmarcha #Titeres

Una foto publicada por El lápiz nómada (@abergareche) el


Y así, con el resto de las lagrimillas en las mejillas, subí las maletas, las pesadas maletas al autobús y de ahí me fui al aeropuerto mientras miraba por las ventanas la espesa vegetación selvática, las palmeras, los pájaros. Y así me fui y así llegué al aeropuerto. Odio los tiempos muertos de espera en el aeropuerto. Facturar, esperar luego para poder entrar a revisión. Entrar a revisión, que te hagan abrir tu maleta y sacar todo porque llevas las acuarelas y son metálicas y nunca entienden lo que son hasta que las ven y finalmente te dicen: «ya puedes volver a hacer la maleta», (esa que tanto te había costado hacer para que todo encajara en su lugar y la pudieras cerrar). Y entonces te queda otro rato de espera para poder embarcar, pero la pantalla te dice que el vuelo está demorado, asi que tendrás aún otro rato largo de espera más. Entonces te sientas, acomodas los títeres junto a ti, uno junto al otro. Mamá, no voy a viajar sola, mira, llevo mis títeres conmigo.

No puedes evitar escuchar la conversación a tu lado de otros pasajeros que, como tú, están esperando y hablan entre ellos para pasar el rato. En un momento dado, alguien repara en tus títeres «que bonitos» te dicen, «los has hecho tú». «Sí, yo los he hecho enteros» contestas y a partir de ahí, estás de pronto en la conversación, que va pasando por distintos temas en un modo random. Cuatro generaciones de mujeres hablando mientras esperan un vuelo retrasado. La espera se vuelve entonces más amena. Una hora después, por fin embarcamos. Adios Cancún, hola avión que me lleva a DF. Ya no hay marcha atrás, decidiste emprender este viaje y ahí te vas.

titeres

El vuelo se me hace corto, me duermo un rato. Despierto cuando pasa el carro de las bebidas gratis para pedir una cerveza. Le doy un par de tragos y me vuelvo a dormir. Despierto de nuevo cuando el piloto anuncia que ya estamos llegando. Miro entonces por la ventana y ahí está, el gigantesco DF con su mar de luces que parece no tener final. Hace 15 minutos que volamos por encima de la ciudad y las luces no parecen acabar. Reducimos altura, en algún momento parece que vamos a estrellarnos contra la antena de algún edificio, es lo que tiene que el aeropuerto esté incrustado en la ciudad, al bajar, da la sensación de que nos vamos a chocar. Pero aterrizamos. Ya estoy en DF, bienvenida Andrea de nuevo a la ciudad a la que llegaste tres meses y medio atrás con muchos planes, planes que han cambiado totalmente ya. Ahora llegas de paso para volverte a marchar, con nuevos planes a otro lugar.

Recojo mis maletas, salgo del aeropuerto en busca de un taxi más barato. Finalmente lo encuentro. Es un señor amable que me da confianza.»Voy a Zempoala, entre Luis de Aviñón y cumbres de Acultzingo, ¿es con taxímetro?». Y sí, es con taxímetro así que me subo y agarramos carretera. No importa cuantas veces haya llegado a DF o cuánto tiempo haya vivido en la ciudad, cada vez que vuelvo y tomo un taxi desde el aeropuerto, me impresionan las enormes avenidas, el tráfico, las enormes vallas publicitarias. Trato de reconocer las calles, los nombres. Ya estamos casi en la Narvarte, pero no encontramos Zempoala. El mapa del taxista no tiene justo la página de la zona que buscamos, así que preguntamos y finalmente llegamos. Son las 11 de la noche. Mi amigo baja por mí y me ayuda a subir las maletas por los cuatro pisos de escaleras. Ya arriba, me pregunta si estoy cansada. «Voy a una fiesta del Ambulante, ¿quieres venir?». Así es DF, así que digo que sí. Dejo mis cosas y nos vamos hacia el Claustro de Sor Juana. Ya no están dejando pasar más gente, pero A. llama y uno de los organizadores del evento sale por nosotros y finalmente nos dejan pasar. La música es buena, alguien me comenta que es la misma DJ que pincha en el Patrick Miller. Yo voy en busca de una chela, pero ya no quedan, asi que acepto un mezcal. Mientras sea gratis todo vale. Mucha gente, apenas conozco a nadie pero no importa, en seguida ya he hecho migas con algunos de los amigos de A, así que lo paso bien.

Uno nose da cuenta de cuanto extrañaba DF, de cuanto extrañaba estas cosas hasta que vuelve. Finalmente nos echan, ya se acaba el evento. Vamos a un bar, pedimos otras cervezas. Las paredes están abarrotadas, hay de todo. Del techo cuelga una bici, de la bici cuelga un cuadro. Al lado sale del techo una banqueta, de ella cuelga la rueda de un monociclo. A mi lado en la pared veo colgado un envase de fabada asturiana el Gaiteru y eso me hace reír.

Nos vamos a otro bar, el Dos Naciones. El lugar me fascina. Un antro de dos plantas. En la de arriba toca salsa una banda en vivo, las parejas bailan. En las mesas hay sentadas ficheras. A. me invita a un mezcal que está malísimo. Un chico me saca a bailar. Pinche DF loco, nunca sabes dónde vas a acabar, esa es la magia.

Ahora son las 10 de la mañana. Ayer fui al centro a hacer recados y arreglar mi cámara. Volví agotada, 6 horas caminando en calles abarrotadas, tratando de encontrar lo que necesitaba. Más o menos conseguí lo que quería, algunas cosas no porque acabé desesperada de tanto ver y tanto andar. Iba a ir a una inauguración con una amiga, pero me dormí a las 9 de la noche, con ropa y todo sobre la cama, ya no podía más de puro cansancio, quizás sea también por el cambio de altura.

metro

En fin, me quedan 8 días más aquí antes de volar a Buenos Aires y mucho que hacer, mucha gente que ver, tatuajes que hacer y esas cosas imprevistas que la ciudad me tiene preparadas. Veamos que pasa. Por ahora me voy a por un tlacoyo de haba, realmente los extrañaba.


puesto-df

tlacoyo-dfAl final no había de haba, pero de frijol también está bien.

*EDITO: Volviendo de desayunar me he sentado en una plaza y una señora se me ha acercado a cotorrear preguntando que dónde estaba mi perro. Me ha preguntado mi nombre, me ha dicho que había salido a caminar, me ha contado un poco de su vida, de su cuñada que se llama Soledad y vive en Chile, de su sobrino que se murió en un accidente de tráfico. Que mañana irá a misa, pero que aún tiene que esperar hasta entonces. Me ha preguntado también que por qué llevaba la camara. Le he contestado que para tomar fotos. Entonces ha escondido el rostro en su sueter mientras me decía: «¡A mí no me tomes fotos!». Unos segundos más tarde me decía: «bueno, tómame una pero solo una». Y esta es la foto que he tomado:

señora-dfMe han dado ganas de cortarme de la foto, pero bueno.

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Andre400
¡HOLA! SOY ANDREA BERGARECHE

Desde hace más de 5 años vivo viajando y ayudando a mujeres como tú y como yo a ser más libres, fuertes e independientes.

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