Los días grises o la otra cara de la moneda

Hoy quiero hablar de los días grises. Últimamente he estado reflexionando. Sobre mí misma, sobre los cambios, sobre este espacio, sobre las cosas que hacemos y dejamos de hacer. Sobre la imagen que damos y que nos damos.

Hace ya más de dos años, estando de viaje, escribí sobre los malos días o el lado oscuro de viajar. Sobre los días de borrasca. Porque sí, viajando no siempre todo es color de rosa y también hay días malos.  

Y hoy, hoy me he dado a mí misma la libertad de volcar aquí todas estas palabras. Palabras sobre los días grises y las grises reflexiones que mastican. Sobre las dudas que también tengo, porque a veces, parece, o mostramos, solo la parte más buena, nuestra mejor cara de la moneda. Y es normal, ni nos gusta mostrar ni al otro le gusta enfrentarse a nuestras carencias.

Pero también soy humana, también tengo días grises, también me como la cabeza. Seguramente tú también tendrás de vez en cuando días grises, o días violetas o hasta días negros. Y es que parece que tenemos que estar siempre al pie del cañón, ser invencibles, mostrar siempre nuestra mejor cara, poner una sonrisa, ser perfectas en nuestra imperfección.

Por eso hoy quiero darme a mí misma la libertad de mostrarlo, de mostrarme. De compartir no sólo lo bueno, lo impoluto, lo brillante. Así que aquí va. Esta vez no es tanto la cara oscura de viajar sino la de estar. La de simplemente ser. La que todas y todos sentimos de vez en cuando. Y yo no me salvo. 

Los días grises


El día está pesado, se siente en el aire, en las nubes densas que hoy no dejan salir el sol, en el calor bochornoso que incomoda el cuerpo pero que no es suficiente para ponerse pantalones cortos, porque el día es gris y en los días grises nadie se pone pantalones cortos a no ser que sea ya julio o mitad de agosto.

Suena una bocina, un coche pasa por la calle, se escuchan algunos pajaritos y también lejanas voces. Yo me recojo el pelo y siento el frescor en la nuca mientras el ruido del metro atraviesa el aire y se cuela hasta aquí. Me cae bien ese pajarito que no deja de piar y el otro que le contesta. Si cerrase los ojos quizás pudiera sentirme fuera, fuera de este cuarto, fuera de este barrio, fuera de esta cabeza que me domina y no me deja ser, pensar, sentir en libertad. Sobre todo sentir en libertad.

Pero suena un coche y vuelve a atravesar el aire el metro. Estoy aquí, en este cuarto, en este barrio, en esta cabeza que a ratos se siente gris, como el día pesado que se alza sobre mí. Es difícil vivir y sentir en este ambiente gris. Y soy yo y no soy yo, pero sé al mismo tiempo que a veces me rindo demasiado fácil, demasiado pronto. Que podría poner un poco más de mi parte para colorear estos días, para poner música en mis oídos como hacen esos pajaritos que de alguna forma me alegran el corazón.

Algunas noches me asomo a esta ventanita blanca y veo algunas estrellas brillar. No tantas, pero suficientes para recordarme y transportarme a esas otras noches estrelladas en algunos otros rincones del mundo en los que me sentía más libre, más viva, con más color en los dedos y en las venas, en las pupilas.

días grises

Demasiados días grises que envenenan, que van menguando la energía día a día y de los que a veces me cuesta sobreponerme. Ayer me puse a escribir en mi diario. Últimamente no escribo tanto, al menos no para mí. Es una sensación rara, como si no tuviera nada que decirme o las palabras salieran de algún lugar que desconozco, que no reconozco. Una yo que no soy yo, que no sé quien es y que no sé de dónde sale o cuando se ha construido a sí misma. Porque me construyo, nos construimos. Creamos personajes con los que identificarnos, tras los que parapetarnos.

Nirka era azul, azul intenso, azul oscuro, azul de profundidad y melancolías. Y había en ella negro y soledad, pero era sincera en su profundidad.

Nimbala fue luz y nuevas posibilidades, Nimbala era esperanza. Nimbala era ese abrir los ojos en un día de sol, en un día de esos que promete aventuras y buen humor.

Ya no uso heterónimos, escribo y me presento bajo mi propio nombre. Bajo ese Andrea que aún presenta muchas personalidades en esas seis letras. Pero de pronto me encuentro a mí misma preguntándome quién es, cuál de ellas me gobierna y de dónde ha salido esta Andrea que a veces desconozco.

Dibujo hecho en México en 2013.

Entonces pienso que yo la he creado, pero esta vez no ha sido algo controlado, planeado. Esta Andrea ha ido ganándome espacio sin pedir permiso, sin pedir perdón. Sin avisar, sin llamar a la puerta, sin preguntar si se puede pasar y aparecer con la maleta para saber cuánto va a ocupar, dónde se va a quedar y hasta cuando estará.

Pero sé que yo la he creado o al menos yo le he permitido hacerse paso. Pero me pregunto desde cuándo. Este año he hablado mucho de los 25 años. Hay quien me dijo antes de cumplirlos que los 25 eran una fecha especial, un año en el que se ponen las cartas sobre la mesa, un quiebre. Un indicativo de lo que está por llegar, de lo que vendrá.

Con mis amigas he hablado bastante de «la crisis de los 25 años». Cada una la hemos vivido a nuestra manera, pero a casi todas nos ha afectado. A unas más, a unas menos, pero casi todas lo hemos sentido en la piel, en los días grises, en los días nublados y hasta en los soleados.

Lo cierto es que para mí está siendo un año raro. Bastante distinto de lo que esperaba de él. Las cosas solo se ven con acierto desde la distancia. Quizás en uno o dos años pueda comprender. Empiezo a hacerlo, pero me siento como arañando solo la primera capa, lo más superficial. Mirándolo como miro todo desde esta ventana. Abro el cristal y miro afuera, saco la mano cuando llueve, pero las gotas no me llegan, no me mojan, no me empapan.

Qué obstinación en mirar la vida como si fuera un cúmulo de errores y aciertos. De batallas perdidas o batallas ganadas. De éxitos personales y profesionales. Y vuelvo al personaje. Pienso en que yo misma me he convertido en uno. Qué maldición la de la imagen pública, la imagen social, las redes sociales. Nos construimos un personaje.

Siento que en mi caso en Andrea se ha quedado fuera mucho de lo que soy. Como si le hubiese cerrado la puerta de un portazo a Nirka, a Nimbala, a todas las demás. Donde está N., en que momento corté los lazos, en qué momento yo misma me refugié tras ese personaje hecho, construido de frases hechas, de mensajes que funcionan pero no me funcionan. Todo depende del ángulo desde el que se mire y de la ventana tras la que se esté.

días grises ventana

Por eso es hora de cambiar de prisma, de cambiar de perspectiva, de dejarme ser bajo otros nombres, en otros lugares, en nuevas realidades. Quizás sí que los 25 estén siendo un año en el que sentar bases. Yo pensaba que sería un año de cambios, pero no. Los cambios han de venir y han de llegar, pero no serán ahora, no han sido en este tiempo, o no grandes. Este año ha sido un año en que sentar bases, en el que reconocer cimientos, en el que aprender también a despedir, a saldar cuentas, a aprender a reconocer cómo todo se ha ido dando y cómo yo misma he ido actuando.

No he reflexionado suficiente, he escrito poco, me he dejado llevar, pero dejarse llevar no siempre tiene que ser positivo, esas son frases hechas que ya no me funcionan y veo a Nirka reírse de mí con sorna, decir «te lo avisé», «lo predije». Ayer pensaba que esta nueva Andrea es mucho de lo que Nirka odiaba, de lo que Nirka deploraba. Demasiada mediocridad tras una buena dosis de superficialidad. Y lo peor es eso, cuando nos lo creemos, cuando nosotras mismas nos tomamos demasiado en serio. Un en serio que es como este día gris, como estas nubes que tapan el sol, como un paraguas ante la lluvia.

Ya nunca salgo a pisar los charcos, a bailar bajo la tormenta, a dejarme empapar por las gotas cálidas o frías, la temperatura da igual. Lo importante es el hecho o el rechazo. Y no es pereza, quizás sí un poco de miedo. Pero ya he hablado mucho de miedos, quizás demasiado. Pero es cierto que el miedo paraliza, el miedo bloquea. Pero quizás no está bien orientado. Quizás el miedo no es miedo a lo que pienso, es miedo a otras cosas. Es miedo a dejar salir y es miedo a mostrar, a mostrarme en mi integridad. Qué curiosa palabra, pienso mientras la escribo. In-te-gri-dad. Ser íntegra. Qué falacia más grande nos contamos a nosotras mismas. O me cuento a mí misma, no debo generalizar.

Busco en el diccionario integridad. Me lleva a íntegro, vuelvo a buscar:

  1. [Cosa] Que está completo o tiene todas sus partes.
  2. [Persona] Que posee entereza moral.

Ser íntegra, mostrarme completa o en todas mis partes. Poseer entereza moral. Me dan ganas de buscar entereza moral, como si el diccionario fuera a darme la clave mágica, la varita para descifrar todas las dudas que en estos días grises a veces me rondan la cabeza. Como los mosquitos que se cuelan por la noche cuando dejo la ventana abierta y revolotean a mi alrededor con ese zumbido que no me deja conciliar mi sueño, ese zumbido que me revela con seguridad que en algún momento de la noche me va a picar. Así que me despierto, enciendo la luz y con la almohada en mano empiezo a inspeccionar las paredes blancas con atención buscando al individuo para terminar con ese ruido que incordia de un almohadazo.

Ojalá se pudiera hacer lo mismo con las dudas, coger la almohada y espetarla contra la pared, contra la ventana desde la que miro al exterior, desde la que me miro a mí misma. Hace mucho que no dibujo un autorretrato, que no pongo el espejo frente a mí y me miro en él prestando atención a cada luz, a cada sombra, a cada forma que me construye, a cada trazo de lápiz y a cada gesto con la goma, que borra.

Dibujo hecho en México en 2013.

A veces desearía redibujarme y también borrarme. Tener la posibilidad de crear de cero un nuevo personaje. Pero las palabras escriben y crean historias y cuando estas llegan y se transmiten ya no hay forma de volver atrás, de volver a empezar la página en blanco, de crear un nuevo comienzo para la historia. Crearé nuevas, buscaré nuevos heterónimos, me construiré decenas, cientos de veces como Pessoa. Me gusta esa capacidad, me parece algo digno de admirar. Y pienso en cuánto hay de verdad y en dónde.

Así son los días grises, días de lluvia de palabras que se van por las cañerías barriendo la calle y dejando todo limpio para el sol que saldrá mañana. Sin huella, sin forma. Necesito más tormentas y al mismo tiempo huyo de ellas. Pero no es tiempo de huidas, tampoco de llegadas, ni siquiera es un tiempo en espera. Es un día gris y los días grises se construyen así.


Reviso el texto para publicarlo. Afuera de esta pequeña ventana blanca hoy no es un día gris, sino que directamente se ha puesto a jarrear y cortan el aire truenos y relámpagos. Me gusta el sonido de las gotas estrellándose con fuerza contra la calle, contra el tejado. Los truenos sonando, cortando el aire, estremeciendo el cielo, haciéndome sonreír por dentro.

¿Publicar este texto? ¿Mostrarme? ¿Qué tengo acaso que perder? ¿Qué tenemos que perder? Y vuelvo a pensar que en este mundo haría falta una buena dosis de sinceridad. Menos miedos, menos esquemas, menos cánones construidos, menos debos, deberíamos, menos máscaras y personajes. Más naturalidad, más dejarse llevar, pero de verdad. Más verdades de esas que dicen los niños y los borrachos y que a los adultos avergüenzan tanto. Más acercarse desde el corazón y no desde el hábito.

Así que así va, al aire. Y así te espero, desde estas palabras, con los brazos abiertos. Para dejarnos ser, para compartir y compartirnos. Para esperarnos y rememorarnos, para reconstruirnos. Te espero desde mi cuartito abuhardillado blanco de Bilbao en el que no deja de jarrear para verte aparecer por los comentarios y que me cuentes de qué color es tu día, de qué color te sientes hoy.

Con cariño,

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¡HOLA! SOY ANDREA BERGARECHE

Desde hace más de 5 años vivo viajando y ayudando a mujeres como tú y como yo a ser más libres, fuertes e independientes.

16 comentarios en «Los días grises o la otra cara de la moneda»

  1. Hola, esta es la primera vez que te escribo aunque no la primera que te leo. Creo que es siempre muy valioso conocer la otra cara de las cosas y tanto en los viajes, como en la vida, es imposible saltearse los días grises, porque mucho de ello vive dentro de uno. Aunque parezca infantil, la película Intensamente aborda un poco esta cuestión, de que para que exista la alegría, una cuota de tristeza también debe actuar. No sé, me gusta pensar que ambas son partes constitutivas de nuestra personalidad y por ello, el camino más sano es aceptarlas como tales.
    Me gustó mucho el texto y cómo está narrado. Me gusta mucho tu blog y espero que hoy no sea uno de esos días grises, pero en caso de que lo fuera, transitalo en armonía, que va a pasar.
    Abrazo desde La Paz.

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    • Hola Melisa! Pues me alegro mucho de que finalmente te hayas animado a comentar. Para mí es muy grato conocer a quien está del otro lado.
      Y sí, siempre existen las dos caras, solo que la más oscura es la que nos solemos guardar. Parece que últimamente vivimos en una corriente que nos empuja a compartir todo lo bueno y a demostrar lo bien que estamos y nos lo pasamos, cuando como dices, todos sabemos que eso no siempre es así. E Intensamente… Sí! Como dices refleja muy bien el hecho de que ambas partes son necesarias. Y no, no te preocupes, no me parece infantil, de hecho soy una fan de las películas de animación… La de Intensamente me la he visto ya dos veces… jajajajjaa ;)
      Te mando un abrazo fuerte y espero encontrarte por el blog nuevamente!

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  2. Siempre es un gusto leerte , pero con estas palabras me llegaste al alma.

    Las peculiaridades y la transparencia nos hacen genuinxs y únicxs, por eso no logro entender cómo la sociedad o el sistema se empeña en construirnos iguales , personas frías y con miedo de mostrar esto que nos has mostrado hoy.

    Muchas veces virtualizamos e idealizamos demasiado a las personas que admiramos, borrando así ese rasgo humano que a todxs nos caracteriza. Pero con este post me recordaste que, además de admirarte por tu empoderamiento, te admiro por tu sinceridad y por el corazón que siempre ponés a todo lo que escribís y transmitís.

    Ah ! Si tuvieras la posibilidad de borrarte y volverte a dibujar, no estaría bueno que lo hagas.
    Somos construcciones, con errores que suman a las bases de esa construcción.
    Garabatéate y hacete tachones, pero no te borres nunca.

    Gracias Andrea por tu transparencia.

    Un abrazo enorme desde Buenos Aires.

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    • Micaela!!
      Qué bonitas tus palabras. ¡Gracias!
      La verdad es que sí, son las peculiaridades las que nos hacen únicas, diferentes, incluso las que nos hacen destacar, pero estamos tan expuestas a los otros que buscamos encajar y para eso, nos aplanamos, nos allanamos, tratamos de encajar en el perfil que manda y ser una más. Y eso es un grave error, sobre todo porque estamos dejando de lado lo que nos hace ser quien somos, lo que nos gusta, lo que nos diferencia. Para el sistema social es más fácil tener un rebaño de ovejas obedientes que ovejas negras buscando su propio camino, separándose de las demás, porque son más difíciles de controlar y muchas veces caemos en eso buscando la aprobación de la masa, triste pero cierto.

      Y sí, en este mundo online, idealizamos demasiado, construimos personajes y nos los tragamos. Por eso quise hoy salirme por un rato de ese personaje, mostrar un poco más adentro, ser quien soy, con mi parte brillante y también con la que no.

      Y gracias por esas últimas palabras. A veces quisiera tener muchas vidas, mucho tiempo para poder ser muchas personas distintas, vivir muchas vidas distintas, quemas todas las posibilidades. Pero tienes razón, todos esos errores, todos esos pasos en falso, me han construido y me han hechos ser quien soy, así como soy. Así que seguiré garabateándome. Gracias :)
      Un abrazo gigante desde Bilbao Micaela!

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  3. Aunque se hayan quedado mudos los heterónimos, cada vez que te veo me encuentro también con esa pequeña Nirka. Ella se recarga en los días grises, y también en los azules. Nunca olvides disfrutarlos en su honor. A veces los vacíos completan la inmensidad, y las heterotopías, esos no lugares de Focault, son tan habitables como cualquier utopía.

    Nos vemos pronto.
    :)

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    • Ais mi pequeña G. A veces los extraño, extraño los tiempos de los heterónimos, extraño a Nirka. Sé que sigue estando y que efectivamente se recarga en estos días, pero hace mucho que no salgo a bailar bajo la tormenta y pisar sus charcos en su honor. Es como si todo se hubiese allanado, aplanado. Ya no hay tantos altibajos y está bien, pero en ellos ella se recargaba y se volvía locuaz y la extraño. Me extraño, esa yo de entonces, esas otras que son yo.

      Nos vemos pronto :)

      Responder
  4. Hola Andrea, hermosas tus palabras. Inspirador tu blog, un gran abrazo y bendiciones de un mochilero desde algún punto de Sudamérica.

    Responder
  5. Me hizo recordar a mi yo de hace unos años (con tan solo 19 años, o por ahí), época en la que comenzaba mis estudios universitarios, en dónde, quizás, más pensaba en cómo hacer para cambiar el mundo, pero surgían muchas dudas, muchas asdasd, y esto solo hacía que me atormentara de tantos pensamientos y no comenzara nada. En ese momento, y por recomendación de unas amigas, comencé un blog llamado «Cable a Tierra» (el cual dejo en el apartado «web») porque era lo que necesitaba, desnudar mis pensamientos, sean correctos o no, con el fin de desahogarme y poder avanzar, el cual tuvo un gran resultado para mi aunque no escribiera mucho (ni muy bien, por cierto jaja).
    Hoy estoy a punto de terminar mis estudios y creo que está bueno poder volver a reflexionar sobre aquellas cosas que pensaba cuando estaba comenzando, para frenar y ver por lo que he pasado, y para retomar ese hábito de escribir en un blog, por más que no lo lea nadie jeje

    Me gustó mucho este post y estoy muy de acuerdo con lo que mencionaste en el ante último párrafo! :)

    Abrazos desde Argentina :D

    Responder
    • Hola Emiliano,
      gracias por pasar y por dejar tan sincero comentario. La verdad que escribir un blog, como escribir un diario, es algo enriquecedor. Más aún si lo haces para ti, por el placer de escribir, sin importar si está bien o no, solo para darte ese espacio para la reflexión.

      Siempre es un buen momento para frenar y reflexionar, para poner en palabras todo eso que siempre nos ronda la cabeza y que a veces no sabemos plasmar, no nos damos el tiempo para expresar. Escribir es un grandísimo hábito, es una herramienta de autoconocimiento súper potente y eso es genial. Darnos ese espacio para escribir, para reflexionar y para conocernos cada día un poquito más es uno de los mejores regalos que nos podemos dar. Así que sigue escribiendo, sigue plasmando palabras en ese Cable a tierra. (Muy linda la reflexión sobre los cumpleaños).

      A seguir escribiendo siempre.
      Un abrazo Emiliano!

      Responder
  6. Andrea! Sigue escribiendo así, chica! Acabo de encontrar tu «blog» y estoy leyendo las publicaciones y ¡ya me encantan! Tienes talento :3 Ojalá algún día pueda escribir como tú lo haces. Un beso! Y te regalo colores para que le des color a tus días grises
    Besos desde SLP! :*

    Responder
    • Lula!
      Qué lindo tu mensaje!! Me encanta que me hayas encontrado y que te guste lo que lees, ojalá te encuentre por aquí muchas veces! Yo seguiré escribiendo y compartiendo.
      Muchas gracias por todos esos colores,
      un abrazo grande!

      Responder
  7. Andrea! No sé por que siempre me siento tan identificada contigo chica… Me asombra. Los días grises siempre están en algun momento u otro y creo que en cierto punto quizás es bueno, nos ayudan a dar espacio para la reflexión (y a veces comeduras de cabeza en mi…y ahí tengo que aprender a poner el freno..) . Días grises, negros, rojos, verdes, azules y hasta en un mismo día varios colores, así a veces son mis días.
    Siempre tan inspiradora, sal a la calle a jugar con los charcos de agua y a la vuelta a este cuarto blanco abuhardillado de Bilbo, todo se verá diferente. Incluso los días grises sólo tienen 24h.
    Me quito el sombrero contigo.

    Un abrazo linda y te envio mucha luz 😘

    Responder
    • Farners!!
      Ais, qué placer encontrarte de vuelta por aquí y además en un post tan especial y personal como éste. Y lo de que te sientes identificada, no te asustes jaja, a mí también me pasa. Al fin todas nos creemos únicas –y lo somos–, pero al final casi todas tenemos los mismos miedos, las mismas inquietudes… Y sí, los días grises son también necesarios, como dices, hasta buenos en algún punto, porque nos dan ese espacio para reflexionar, siempre y cuando no nos regodeemos en ellos, como apuntas, y nos dan la oportunidad de apreciar el resto de días y sus matices. Porque sí, a veces un día puede ser gris, rojo, verde, amarillo o juntarse en él un montón de colores que nos hacen pasar de un estado de ánimo a otro en cuestión de minutos. Hay que aprender a disfrutarlo todo.
      Tengo pendiente salir a pisar los charcos, aunque los días grises ya han pasado. Ahora quiero volver a dibujar, volver a disfrutar haciéndolo. Quiero inaugurar un desafío creativo de dibujos esta semana, ando organizándolo, para volver a disfrutar como una niña dibujando, sin importar el resultado. Te animo a sumarte al desafío en cuanto lo tenga montado, estoy segura de que tú también lo disfrutarás como yo :)
      Un abrazo gigante bonita, mucha luz también para ti desde este día inestable bilbaino! :*

      Responder
  8. Muy identificada con el texto Andrea, solo te diré una cosa: tenemos que ir a saltar en los charcos 😉 Un beso enorme para dar un poquito de color a ese gris.

    Responder
    • Rakel!
      Me alegro de que te hayas sentido identificada en mis palabras y que hayan servido también para hacer un poco de autoreflexión.
      Y sí, hay que ir a saltar en los charcos, con catiuscas y sin paraguas.
      Otro besote de vuelta bonita!! 🙂💙

      Responder

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